Devocionales

¿Fue Jesus tentado en todo?

¿Fue Jesus tentado en todo?

(MAT. 4:1-11; MAR. 1:12-13)

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto 2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo.” Mateo 4:1. Que nos debe quedar claro que Jesús fue voluntariamente, esto no significa que entro deliberadamente en tentación.  Aquí existen varios puntos que son realidad y verdad.

  • El diablo, llamado Satanás (el adversario), es un ser real. El existe. El es quien dentro la siembra de trigo, siembra la cizaña (Mat. 13:28);
  • En 2 de Timoteo sus artimañas son descritas como lazos, que mantienen al hombre “cautivos a voluntad de él” (2 Tim. 2:26);
  • En el capítulo 8 del Libro de Juan es descrito como el padre de la mentira (Jn. 8:44);
  • Pero no podemos perder la esperanza ya que el Libro de Santiago nos dice puede ser resistido por el hombre (Sant. 4:7, 8).

La pregunta es válida y merecía que la estudiemos un poco a profundidad.  Más que hacerlo por el simple hecho de alimentar la curiosidad de hombre, lo hacemos con el propósito de estar preparados para este tipo de cuestionamientos que puedan venir a cuestionar el fundamento de lo que somos.  Recordemos que Jehová había declarado enemistad entre Jesus y Satanás desde antes que este duelo se diera. (Gen. 3:15)

En los comentarios bíblicos sobre el libro de Lucas se encuentran muchos detalles que nos brindan una perspectiva clara sobre este tema en particular.  Pero es de suma importancia que veamos dos procesos que se Dieron antes de que las tentaciones se presentaran.

  1. Estaba lleno del Espíritu Santo
  2. Ayuno durante 40 Días – Posición física que reniega la carne y todo mal deseo que de ella pueda venir. Su carne era solo un requerimiento para permanecer allí.

Debemos de dar inicio a este estudio de la forma correcta.  Y contestemos algunas preguntas que son fundamentales para poder hacer un buen ejercicio investigativo sobre este tema.  Entendiendo el punto principal, que la tentación que Jesus sufrió, vino a consecuencia de lo que había de padecer, ya que en el no existía pecado, lo que significa que no fue tentado en tentación de hombre.  Porque aborreció el pecado en su naturaleza humana.

¿Qué significa “tentar”?  PEIRAZO significa (1) intentar, probar, ensayar; (2) poner a prueba. vocablo viene del lat. temptare (o, tentare, frecuentativo de tenere) = palpar, tentar, intentar. Aquí lo consideramos exclusivamente a nivel teológico. El gr. del NT tiene para tentación el vocablo peirasmós, del vb. peirázein (con los mismos significados que el lat. temptare); y éste, del sust. peÓra, peÓras = tentativa, experiencia. No hay un vocablo distinto para tentación y para prueba. Pero se llama prueba cuando es Dios quien la envía para poner a prueba a los suyos

Es necesario establecer el fundamento de este estudio. Iniciando bajo la base de que estamos mirando la tentación de Jesus y el significado que tiene para nosotros los hombres.  Para esto es bueno que veamos dos puntos que nos pueden esclarecer la pregunta sobre si Jesus fue tentado en todo.  Aunque lo vemos desde un punto de vista humano, ya que es el único que podemos tener en este momento.  Debemos de permanecer abiertos a la revelación que nos da Dios en este tipo de tema.  Si buscamos las razones por la cual Jesus había de padecer tentación, veremos que era a causa de sufrimiento. Hebreos 2:18 “Pues por cuanto El mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a[a] los que son tentados.”

Veamos pues las tentaciones que sufrio Jesus.

Es interesante ver que las tentaciones experimentadas por Jesús tienen tres patrones que hoy día son muy comunes en los ataques de satanás en contra de los hombres:

  • La primera tentación tiene que ver con los deseos de la carne (Mateo 4:3-4), con los deseos de la carne cuando lo vemos como un patrón en el comportamiento humano, esto les da la inclusión a todas las clases de deseos físicos. Jesus tenía hambre, y el diablo lo tentó a convertir las piedras en panes, pero Él respondió citando Deuteronomio 8:3.
  • La segunda tentación fue concerniente a un aspecto muy común, el orgullo. El orgullo de sentirnos más poderosos que todos. (Mateo 4:5-7), cuando vemos en este pasaje aquí el diablo trató de usar un la Escritura contra Jesus (Salmo 91:11-12) pero el Señor nuevamente respondió con la Escritura de manera opuesta (Deuteronomio 6:16), declarando que sería un grave error que Él usara de sus propios poderes. Simplemente para darle una señal al enemigo.
  • La tercera tentación es respecto al deseo de los ojos (Mateo 4:8-10), Si miramos con detenimiento este ofrecimiento, fue tan sutil en cuanto lo que le pide y aparentaba ser tan ventajoso lo que le ofreció. Que Jesus sabiendo lo que tenía que sufrir, si usaba esta vía ya tendría todos los reinos de la tierra y se hubiese ahorrado todo el sufrimiento de la cruz. Confirmamos esto ya que en Efesios dice que Satanás es quien domina los reinos del mundo (Efesios 2:2), y los ofrece en ese momento a cambio de la lealtad de Cristo hacia él. Jesus contesta bruscamente, “AL SEÑOR TU DIOS ADORARÁS, Y SOLO A ÉL SERVIRÁS.” (Mateo 4:10; Deuteronomio 6:13).

Nota:  Pensemos en lo siguiente.

Hebreos 2:18, Crea el contexto y da evidencia de que la tentación fue causa de sufrimiento para El, y sólo de sufrimiento, y nos deja claro que nada tiene que ver con la atracción hacia el pecado.  ¿Qué significa esto? La razón por la que la NVI ha optado por traducir «pasar por pruebas» en lugar de «ser tentados» es, sin duda, para no confundir lo que es una «prueba» (enviada o permitida por Dios) con lo que es una «tentación» maligna (v. Stg. 1:12–15). Al haber pasado por tentaciones y padecimientos de los más acerbos, Jesús puede ayudar a todos los que son tentados, están atribulados y sufren padecimientos, pues es un experto en la materia y sabe cómo consolar, animar y ayudar a cada uno en sus respectivas circunstancias, las cuales varían considerablemente en cada caso.[1] en todas las tentaciones que Cristo soportó, no había nada dentro de El que respondiera al pecado. No había en La ninguna debilidad pecaminosa, esto enemistad viene desde el principio. Gen 3:15 aquí Jehová especifica (el hijo de Mujer) dígase el hombre, tendrá enemistad con la serpiente.  Razón suficiente para no escuchar o hacer lo que viene de boca de tu enemigo.  Por la cual:

  • No pudo en ninguno de sus intentos de atrapar a Cristo en Sus palabras. Como también lo trataron de hacer los fariseos en: Mt 16:1; 19:3; 22:17-18, 35-36; Jn 8:5-6; en cada uno de estas ocasiones Jesus respondía con dureza sutil, haciéndoles entender sin entrar en contienda, con ellos.
  • No pudo provocar que Jesus cayera en ninguna de sus tentaciones a pecar, dejándonos un gran legado para los que hoy vivimos y sufrimos algunas pruebas. Más bien nos dio dirección en: Gálatas 6:1, Santiago 1:13-14 en donde vemos con claridad de donde proceden las tentaciones.  Aquí son mencionadas como procedentes del diablo, además de dejarnos las palabras claras de que caer en tentación hace que tenga municiones para tratar de invalidad nuestro trabajo como obreros de Dios.  1 Co 7:5; 1 Ts 3:5;
  • No pudo provocar que Jesus actuara en sus emociones y mucho menos que entrara en un juego de engrandecimiento personal, cuando le insta a que rete a Dios. Dejándonos una gran defensa sobre las cargas ajenas y que no podemos cargar. Hechos 15:10; Porque de no cuidar podemos ser destruidos por serpientes 1 Co 10:9-11; Para que no perdamos la promesa y no desviemos nuestros corazones, hebreos 3:9; para que no pongamos a prueba al Espíritu Santo, Hechos 5:7-10.

Nota adicional que vale la pena que dejemos clara.

Cuando leemos Santiago 1:13  “Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por[a] Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal[b] y El mismo no tienta a nadie.” Puede que este versículo te lleve a pensar que existe una contradicción con lo ocurrido con Jesus en Mateo 4:1-11.  Cuando dice que:

  • que «Dios no puede ser tentado del mal»
  • que «ni él tienta a nadie».

Creo que debemos mirar la procedencia para determinar si es prueba o tentación, Dios tentó, o probó, a Abraham Hebreos 11:17 “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único[a] hijo;”  Podremos entonces hacer la misma afirmación sobre los israelitas si ellos tentaron, o probaron, a Dios, 1 Co 10:7-9  “No seáis, pues, idólatras, como fueron algunos de ellos, según está escrito: El pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y en un día cayeron veintitrés mil. Ni provoquemos[d]al Señor[e], como algunos de ellos le provocaron[f], y fueron destruidos[g] por las serpientes”

Sin embargo, el v. 14 Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión[o]” Este versículo deja bien claro que, en tanto que en estos casos la tentación o prueba vino de fuera, a lo que Santiago se está referendo es a la tentación o prueba que viene de dentro, de nuestros apetitos descontrolados y de pasiones malvadas, cp. Mr 7:20-23″

Cuando vemos cómo actúa Dios sobre su hijo Jesus.  Nos muestra con gran claridad que siempre nos va a preparar antes de entrar en la prueba. Como lo hizo con Jesus, al revestirlo del Espíritu Santo, lo cual le dio las fuerzas para hacer un ayuno de 40 días, para que no dependa de los deseos de la carne.

Es muy importante que también tengamos presente que en el diseño original no existía pecado, ni atracción al pecado.  Que los únicos deseos que teníamos al principio eran los deseos que Dios había puesto en el hombre.  Estos eran los deseos que Jesus tenía. Juan 4:33-34 “32 Pero El les dijo: Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis. 33 Los discípulos entonces se decían entre sí: ¿Le habrá traído alguien de comer? 34 Jesús les dijo*: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.”   Los deseos de Jesus no procedían de una fuente contaminada, era de la única forma que podíamos regresar por el camino que se había diseñado.  Sus deseos no provenían del primer Adam, más bien venían de nuestros deseos originales.

[1] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (p. 1794). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

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