Devocionales

Camino a Damasco

La realidad de un momento de búsqueda, se puede convertir en la razón de una vida. Sin opción a escoger nos enfilan y matriculan en la vida, empezando con el nacimiento. Esta parte de nuestra vida no la podemos escoger, ni mucho menos decidir sobre la misma antes o después que ocurren. Existen un sin número de eventos y experiencias en las cuales, nuestras decisiones no tienen nada que ver con lo que acontece. Por ejemplo, donde nacemos o quienes son nuestros padres. Estos son solo dos ejemplos de las cosas que no podemos escoger con anticipación en nuestra vida.
¿Hacia dónde caminamos? ¿Qué nos motiva a seguir este camino? Son dos preguntas que muchas veces pensamos tener las respuestas. Pero las eventualidades de nuestro camino, pueden dar un giro a lo que ya tenemos predefino: Un encuentro, una visita inesperada o quizás un lugar inusual. En lo cual nunca habíamos pensado o quizás no habíamos experimentado. Llega ese momento y nos cambia el rumbo y por ende, nuestro destino final. Hechos 22:7 “y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Este momento en la vida de Saulo de Tarso. A quien hoy día se conoce mejor como el apóstol Pablo. Un hombre que era el perseguidor más feroz de los cristianos después de la crucifixión de Jesús. Sería la persona escogida por el propio Jesús, para que llevara el evangelio por todo el mundo. Este hombre se convirtió en un defensor del evangelio de Jesús, y a su vez motor que impulso la creación de nuevas Iglesias, bajo una sola doctrina. Y entregando un solo mensaje de salvación. He hizo todo esto con una entrega total. Trabajando por lo mismo que una vez trato de destruir y que pensó era su propósito en la vida. Hoy podemos leer sus cartas en el nuevo testamento “A los Romanos, I Corintios, II Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses. I Tesalonicenses, II Tesalonicenses, I Timoteo, II Timoteo, Tito, Filemón” en las cuales nos insta a seguir esta doctrina, e instruye y anima a que sigamos entregando el mensaje de salvación. Y muchas cosas más que le fueron reveladas.
Yo al igual que muchos de mis hermanos en Cristo Jesús, una vez caminaba hacia un destino final. En busca de lo que creía ser mi objetivo en la vida. Aquello que en algún momento me llenaría de gloria y de admiración. Donde la recompensa era dinero y una vida esplendida llena de buenos momentos, según mi entendimiento. Basada en lo que creía eran mis propias decisiones. Donde yo manejaba los momentos y escogía los lugares y con quien compartía. Pero en un momento que no lo decidí yo, en compañía de personas que no escogí yo, bajo circunstancias que no las maneja yo, Jesús Cristo me hablo con una voz sutil. Y me pregunto, ¿Puedo entrar? Y conteste que sí. Y me dio de comer, tomo asiento, hablamos, me vio llorar de alegría. Compartimos por un largo rato, me dijo que nunca deje de buscarlo. Luego me abrazo y me dio un beso en la frente. Y me dijo antes de marcharse, “cuando me necesites llámame que siempre estaré contigo” hoy camino seguro, con la mirada puesta en Dios. Ya no busco aquel lugar, porque me fue revelado, ahora solo quiero compartirlo porque existe espacio para muchos. Solo tenemos que caminar en pos de Dios, Jesús y de su promesa que es verdadera. Ahora quisiera hacerte dos preguntas.
¿En parte del camino te encuentras tú? ¿Hacia dónde diriges tus pasos? Permite que él los guie. Estoy seguro que te llevara donde nunca pensasteis que estarías…en su presencia.

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