Devocionales, Pensamientos, Poesia

Hoy es un buen día

Hoy es un buen día para dejar la tristeza a un lado, para levantar la mirada al cielo y pensar en el porvenir. Hoy es un buen día para dejar de llorar el pasado y alegrarse por el futuro, aún cuando esté no ha llegado. Es un buen día para dar gracias a Dios por su bendición, su misericordia y su gracia. Hoy debes de quitar los pensamientos negativos de tu mente, aunque al salir de la casa tropiezes con las tribulaciones del día. Hoy es un buen día para mejorar lo que fuiste ayer, para sonreír genuinamente a quien te descubrió una mirada pérdida. Hoy es un buen día para mostrar tu gratitud, tu agradecimiento por todo lo que has obtenido y todo lo que haz recibido. Hoy es un buen día para dejar el orgullo a un lado y dar gracias, simplemente dar gracias, por todo y por todos los que aún permanecen a tu alrededor y no te olvides de darle gracias a Dios, porque El es el único que siempre ha estado allí contigo, a pesar de tus circunstancias o tú posición, dale gracias porque hoy el día que Dios hizo para ti.

Cada día es una nueva oportunidad para que busques lo positivo de tus experiencias. Para profundizar en tu interior y sacar lo que no sirve, lo que causa dolor y angustia. Y solo dejar las experiencias que realmente te hacen ver lo que verdaderamente eres. A veces te preguntas ¿por qué a mí me suceden estás cosas? Y es posible que no encuentres respuestas a esa pregunta. La pregunta comienza con un ¿Por qué? Y no un ¿Para que? Y es que entre ambos existe una gran diferencia que muestra tu nivel de humildad y tú capacidad de aceptación de aquello que sabes no podrás cambiar. Una pregunta exige conocimiento y otra pide sabiduría.

La humildad, saca el ego del camino y te convierte en un recipiente listo para ser llenado de conocimiento. Todo lo que experimentas en la vida, ya sea que lo catalogues como bueno o malo, no le quita la sabiduría con la cual fue creado, ni la intención de que lo uses en tu camino como herramienta de prevención de parte de Dios. Los momentos y las experiencias en tu vida traen cambios, cambios que van desde tu estado emocional hasta tus actitudes. Lo cierto es que nada llega a tu vida en vano. Dios envuelve en cada evento una enseñanza para ser usada por quien la recibe, para mejoría de si mismo y de los que están a tu alrededor. Para crear testimonios para su Gloria y por su gracia.

Limitarse a solo un ¿por que? es limitar la enseñanza que Dios a dispuesto para tu vida. Cada tribulación o alegría trae una nueva oportunidad para que te puedas dar cuenta que realmente no tienes control de nada y que solo la humildad y el recurrir a Cristo te puede salvar y quitarte las cargas que la sociedad te impone. Lo que he aprendido es a no preguntar ¿por qué? Sino ¿Para que? Señor Jesús.

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