Devocionales

Con la Fe puesta en Dios

Caminar en sentido contrario a la Fe, es caminar con miedo y con temores. Solo el temor a Dios es permitido. Y este a su vez nos mantiene presente que el temor al padre solo sirve para que el Padre nos instruya y nos guie.
Se nos insta amar a Dios sobre todas las cosas, y yo pregunto ¿En realidad lo hacemos? Y si lo hacemos ¿Cuáles son nuestras precondiciones? ¿Cómo amar a algo que no podemos ver? Muchos se preguntan, La Respuesta es: Fe
Seguir el camino hacia Dios, puede resultar contraproducente en cuanto lo que estamos acostumbrados. Dejar de hacer las cosas que estamos acostumbrados resulta muchas veces una ardua labor de voluntad propia. La realidad de caminar con Dios y permanecer en EL. Muchas veces tiende a que nos desanimemos; y terminamos por decidir por nosotros mismos que no conviene seguir a Jesús. Porque los deseos sobre las cosas terrenales y materiales se sobreponen ante la razón y la convicción de quien es Dios en nuestras vidas. La consecuencia de esto es la segunda muerte. Nuestro espacio está asegurado solo tenemos que trabajar para mantenerlo. Esto significa aceptar a Jesús como único salvador.
Los acontecimientos más estremecedores de nuestras vidas pueden ocurrir bajo un marco de sencillez y privación. Lo importante no es el lugar ni lo acogedor que sea, la verdad es que cuando es el momento de recibir a Jesús como nuestro único salvador, la multitud no cuenta y mucho menos el lugar en que lo hagamos. Lo más importante de ese momento es que declaramos con nuestra boca que él es nuestro salvador, y lo creemos en nuestro corazón.
Existen muchos versículos en la Biblia que nos hablan de la salvación y sobre Jesús. y sus sacrificios y sus miles de milagros. Romanos 4:5, Efesios 2:8-9, Juan 3:18 busque estos tres versículos los mismos le ayudaran a determinar los requisitos para una vida eterna, al lado de nuestro salvador, redentor, abogado, al lado del único que puede interceder por nosotros con el padre. Mateo 11:27.
Cada uno tiene la capacidad de creer. Se nos entrega una medida hasta cuanto podemos creer. Pero la diferencia entre la Fe natural y la Fe que nos viene del Padre, del Hijo y de Espíritu Santo es otra Fe. Creer en algo no palpable, no visible ante nuestros ojos humanos, esto resulta contraproducente y va muchas veces en contradicción a lo que estamos acostumbrados a creer. Pero cuando la Fe con la que creemos es la Fe que viene del Dios, esa Fe se hace palpable y puede tocar. Por esa Fe, camino Pedro sobre las aguas. Por esta Fe fue que el padre del niño que tenía el demonio dentro, “Clamo y Dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” Marcos 9:24
Los textos de la biblia nos llevan en un barco con un solo rumbo: la Salvación. Las vicisitudes que vivimos en este navío, nos hacen más fuertes y más resistentes según vamos entrando mar adentro. La confianza en este Dios que nos visita a cada momento es un recordatorio de que no estamos solos. Tenemos que creer en El y solo en El. Aunque nuestra Fe sea del tamaño de una semilla de mostaza, solo tenemos que depositar en Dios esa Fe, sin importar en tamaño que tenga. Porque si lo creemos en nuestro corazón podemos mover montañas. (Marcos 11:23)
Nuestra Fe debe permanecer firme, y sin dudas. Entre los cimientos de nuestro templo, del templo de Dios en cada uno de nosotros: El Corazón. Hay que confiar en su palabra y dejar que el sea el capitán de este barco en el cual navegamos. No importan tormentas, no importan neblinas, con su palabra, con su poder, con su majestad El todo lo puede. Para El no hay nada imposible. Solo tenemos que tener Fe. Y el día del reposo El va estar con nosotros…

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